En la actualidad, se ha detectado un problema
que a lo largo de los años estuvo ahí, sin embargo, no se manifestaba con la
intensidad y con la agresividad con la que se ha mostrado en los últimos
tiempos. Hablamos del llamado bullying, que es un término que fue
utilizado por primera vez por el holandés Dan Olweus, y que significa cualquier
forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de
forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. De este fenómeno existen
diferentes tipos: Bullying físico,
que incluye toda acción corporal como golpes, empujones, patadas, formas de encierro,
daño a pertenencias, entre otros. Bullying
verbal: que incluyen acciones no corporales como poner apodos, insultar,
amenazar, generar rumores, expresar dichos raciales o sexistas con la finalidad
de discriminar. Bullying psicológico:
este es el más difícil de detectar ya que son formas de agresión, amenaza o
exclusión que se llevan a cabo a espaldas de cualquier persona que pueda
advertir la situación, por lo que el agresor puede permanecer en el anonimato;
puede consistir en una mirada, una señal obscena, una cara desagradable, un
gesto, etc., y por último, el Cyberbullying,que
consiste en
utilizar la tecnología para acosar, amenazar, avergonzar, intimidar o criticar
a otra persona. Por definición, se produce entre niños y adolescentes. Cuando está
implicado un adulto, se adapta a la definición de ciberacoso o ciberacecho, un delito que puede tener
consecuencias legales e implicar condenas de cárcel. Es
un fenómeno nuevo, derivado de los grandes avances tecnológicos, Este se lleva
a cabo a través de correos, blogs, páginas personales, chats, telefonía
celular, a través de llamadas y mensajes de texto, etc.
El Brand-bullying: significa,
literalmente, acoso por marcas, lo cual no debería extrañarnos en un mundo
netamente consumista. Las víctimas del brand-bullying
son aquellos que no tienen el último iPhone, el cinturón de moda o la más
nueva consola de Xbox. Si tienes un iPhone, o una Blackberry, entonces eres
aceptado. Así, el salón se divide entre los que tienen y los que no, y esas
carencias determinarán el rol que jueguen los estudiantes dentro de la
sociedad, pero lo más interesante de este nuevo tipo de acoso es el papel preponderante
que están jugando los padres en ello, como actores importantes.
Esta situación tiene tres participantes que son: agresor, víctima y
espectador, cada uno afectado de acuerdo a su posición. Por ejemplo, los
agresores pueden llegar a ser delincuentes juveniles, mientras que las
víctimas, llegar al suicidio y los espectadores hacerse insensibles ante
situaciones de agresión y tomarla como única forma de relacionarse.
Generalmente, los agresores son niños que tienen problemas en casa, por ejemplo, ausencia de algún padre, divorcio, violencia intrafamiliar entre otros. Y es aquí donde es importante hacer énfasis, para tratar de atacar el problema desde el origen tomando en cuenta que todas las familias son proveedoras de valores e identidad propia, límites claros en el ejercicio de la autoridad, en las que se espera que haya una comunicación y respuesta efectiva. Al no existir esto los jóvenes trasgreden las normas sociales y terminan dañando a sus semejantes y es por ello que se dan este tipo de fenómenos, ya que en la actualidad las familias tienden a ser disfuncionales y por ello producen agresores y es desde ahí donde surge este problema.
¿Cómo pueden reaccionar los padres frente al bullying?
Su hijo es víctima de bullying:
- No sobrerreaccione: sí debe preocuparse, pero no de una manera exagerada (enojado o nervioso), ya que podría inhibir a su hijo a que cuente nuevamente si es agredido, o si tiene otro problema.
- Escúchelo sin interrumpirlo: permítale que se desahogue para así obtener la mayor información posible.
- Es importante agradecer la confianza a su hijo por haberle contado lo que le sucedió. Es muy positivo que establezcan un canal de comunicación y confianza, de modo que su hijo se sienta cómodo en contar lo que le sucede, tanto cosas positivas como negativas.
- Dígale que es inaceptable lo que ha pasado, que él no es culpable de la situación y que van a buscar la forma de solucionarlo.
- Si la situación sigue repitiéndose, lo mejor es comunicarse con el colegio para ver qué se está haciendo y si es que hay algún plan de acción.
- Practique junto con su hijo estrategias de enfrentamiento, tales como role playing (practicando respuestas asertivas), o técnicas que puedan serle útiles en ese momento:
a - Le puede decir a su hijo: “Ignóralo, haz como que no lo has
oído.”
b - Convertir alguno de los comentarios del agresor en un chiste.
c - Buscar un sitio donde haya un adulto y quedarse ahí.
d - Contarle a un adulto, no es acusar, es pedir ayuda cuando de verdad se necesita.
e - No estimular a que sea agresivo o responda de manera agresiva, ya que empeoraría la situación.
f - Los niños necesitan un plan claro que los mantenga a salvo en caso de que sean intimidados.
b - Convertir alguno de los comentarios del agresor en un chiste.
c - Buscar un sitio donde haya un adulto y quedarse ahí.
d - Contarle a un adulto, no es acusar, es pedir ayuda cuando de verdad se necesita.
e - No estimular a que sea agresivo o responda de manera agresiva, ya que empeoraría la situación.
f - Los niños necesitan un plan claro que los mantenga a salvo en caso de que sean intimidados.
Su hijo es agresor:
Para muchos padres es difícil reconocer algo negativo en la conducta de
sus hijos, por eso es muy importante, cuando se detecta el caso, trabajar
directamente con el colegio para resolver este problema. Lo que jamás deben
hacer los padres de un niño con esas dificultades es usar la violencia para
reparar el problema, ya que los niños repiten los modelos de conducta. Algunas
sugerencias:
- Investigue por qué agrede. Hable con sus profesores, pida ayuda y escuche lo que tengan que decir sobre él; no actuar de modo defensivo.
- Establezca medidas con el colegio para que existan consecuencias tanto en la institución como en la casa.
- Conozca más a sus amistades y observe qué actividades realizan juntos.
- Establezca un canal de comunicación y confianza con su hijo. Permítale que se sienta escuchado.
- Ayude a canalizar la conducta agresiva de su hijo hacia algún deporte de competición u actividad que sea de su interés.
- Hágale saber a su hijo que las conductas agresivas no son permitidas por la familia.
- Deje claro las consecuencias que tendría el continuar con conductas agresivas.
- Enséñele buenas conductas a través de su ejemplo.
- No ignore la situación, esto solo hará que el problema crezca cada día más.
- Ayude al niño a que manifieste, sin agresión, sus insatisfacciones y frustraciones.
- Demuéstrele que lo sigue amando tanto o más que antes, pero que desaprueba su comportamiento.
- Anímelo a que reconozca su error y pida perdón por el mismo. Elogie sus buenas acciones y destaque lo positivo.
Su hijo es espectador de alguna situación de bullying:
Los niños que no son parte directamente de la agresión, pero sí la
observan, también pasan a ser participantes de esta. Es importante que los
padres expliquen esto a sus hijos, y el cómo ellos al observar pueden permitir
que siga sucediendo o detener el conflicto.
Lo que no deben hacer los padres:
- Amenazar al agresor de su hijo fuera o dentro del colegio.
- Motivar a que su hijo se defienda con golpes.
- Decir frases tales como “no te dejes pegar” o “tienes que ser más fuerte”, ya que esa presión produce el efecto contrario en los niños, haciéndolos sentir más débiles.
- Sobreproteger al niño agredido y alejarlo de situaciones conflictivas, permitiéndole faltar a clases, ofrecerle cambiarlo de colegio o curso de manera precipitada ya que esto sólo aumentará el problema cuando regrese y hará que se sienta más inseguro.
- No darle importancia al problema, negar que esté sucediendo.
